I

FÍSICA IV nace como continuación a mi anterior proyecto, El espacio privilegiado, en el que se abordaban, a través de intervenciones en el paisaje, cuestiones relativas a la naturaleza del espacio, entendido como sustancia previa y necesaria del paisaje. Se consideraban las principales teorías cosmogónicas de la historia, desde Tales de Mileto a Einstein, y cuyas ideas “trataban” de reflejarse en las intervenciones. En el caso de FÍSICA IV se centra en las ideas de Aristóteles acerca del espacio, y que el filósofo escribe en el Libro IV de su FÍSICA.

Qué sea el espacio es una pregunta que ha acompañado al ser humano desde el albor de su conciencia. Porque el espacio, además de ser una res extensa, es también una res extranea. Las primeras concepciones sitúan la cuestión en el plano simbólico religioso, para después, con la polis, plantearse desde un punto de vista filosófico. Ahora, y desde del siglo de Copérnico, el espacio se pregunta desde un punto de vista científico. Pero en todas estas formas de abordar el problema subyace siempre una misma idea común: el carácter cosmogónico de su respuesta.

Incluso en la indagación científica actual por el espacio aparece un, para ella, molesto sustrato metafísico que

no es capaz de explicar con su lenguaje. Este comienzo especulativo se ubica en los 10-43 segundos posteriores al big-bang. Más atrás del llamado Tiempo de Planck los números científicos no pueden llegar. Es este pequeñísimo espacio de tiempo donde residen todas las cosmogonías. De la sumeria a la universitaria.

A pesar de que la teoría aristotélica acerca del espacio está ampliamente superada, y algunas de sus afirmaciones puedan parecernos supersticiones, es una de las teorías que han permanecido válidas durante más tiempo. La importancia de la teoría de Aristóteles radica en que proporcionará el marco conceptual al geocentrismo de Ptolomeo, cuyo paradigma permaneció vigente 14 siglos, hasta que Copérnico propuso al Sol como centro de su sistema.

Aristóteles pensaba que el Universo era un organismo vivo, finito y jerárquicamente ordenado. No entendía el espacio como una mera sustancia dimensional, geométrica, sino “un dato de experiencia, algo que percibimos por nuestros sentidos –escribe la profesora Peña Nieto–, y lo que estos nos dan a conocer es real. En definitiva, en el punto de partida hay una opción de tipo empirista”.

En cuanto a qué es el espacio para Aristóteles, hay que entender que él no concibe la existencia del vacío, por lo que es la materia la que determina su existencia (la del espacio). Por eso el estagirita “nunca habla de espacio, sino de 'lugar' como la definición de un cuerpo en términos de limite entre el propio cuerpo y aquello que lo contiene”.

Ya nos advierte el propio autor en el texto lo intrincado del asunto primero: “que quede patente la causa de su intratabilidad y de los problemas que lo rodean”.

Es decir, continúa Peña Nieto, “lugar se define como la superficie interna del continente que se haya en contacto con la superficie externa del contenido, a la que envuelve y bordea debiendo ser ambas exactamente iguales en cuanto a su tamaño”.

El lugar, que otros han querido traducir por espacio, sería una especie de membrana que recorre la forma de los cuerpos que contiene. Entre los argumentos que llevan al filósofo a esta conclusión es que el espacio, aunque sin materia, cuenta con las mismas dimensiones que esta.

II

Esta película protectora aristotélica que es el espacio es lo que representan los distintos volúmenes con los que se han llevado a cabo las intervenciones. Se trata de unas piezas volumétricas hechas con tela de valla de obra que sirven para delimitar el espacio, crearlo. La tela negra es el límite entre el propio cuerpo y aquello que lo contiene.

Las intervenciones y sus fotos están realizadas en el perímetro interurbano de Madrid, un espacio limítrofe donde los polígonos conviven con los descampados y las autopistas. Aunque estos espacios cuenten ya con un dilatado sustrato simbólico para todos, son espacios que carecen de una identidad clara, como si no se supiese su “para qué”. Son así espacios más permeables a la interpretación y que de alguna forma pueden acoger nuevas lecturas. Esto no se debe solo a la ausencia de su funcionalidad, sino a la propia morfología del espacio, que aporta la suficiente severidad formal para intervenir.

Esta austeridad elemental propicia que buena parte de las imágenes de la exposición adopte ciertos rasgos metafísicos, que quieren adecuarse con el tema del proyecto.

En este sentido cabe indicar que la elección por el blanco y negro no solo se debe al interés por incidir en el carácter teórico del asunto, pues así creo yo que incide el B/N, sino porque en invierno, el descampado adquiere tonalidades grises a las que conviene esta fotografía.

III

Estos volúmenes instalados, que crean su espacio a través de la tela que lo delimita, se han llevado después al espacio de la galería. El objetivo es que el cambio de escala intensifique la presencia de estos volúmenes de espacio, y que el paseo estético del circunstante se vea interferido por su materialidad, por su límite.

Eduardo Lamparero. Enero 2022

 

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