Asfalto concreto

Esta serie madura un proceso de asimilación con el muro. En muchos trabajos previos el muro ya comenzaba a ser parte de la pieza, a través de su color, de su textura, para añadir forma al conjunto.

Ahora el muro es un elemento de igual importancia que la pintura. La elección del color negro está motivada por varias cuestiones. Primero, es un color que he usado ampliamente sobre el gris del cemento. Desde las primeras piezas y acompañado de plata, ha sido para mí un recurso natural en mi trayectoria. Muro, negro y plata, es otra trinidad sobre la que se sustenta mi trabajo. Junto a ni nube, ni 3D, ni powerline y los bloques de pisos, los polígonos insdustriales y los descampados. Esta serie, precisamente, está llevada a cabo en un espacio como este.

He sido más siempre escritor de graffiti de bombardeo que de murales. Esta tendencia a pintar rápido en sitios visibles, casi siempre con negro y plata, ha impedido que me emplease más tiempo en la elaboración de los fondos muralísticos, de los que muchos son virtuosos, y sus respectivos colores. Ciñéndome más al plata y al negro, y dejando el fondo tal y como lo encontraba. La forma de mis letras me condujo luego a buscar fondos limpios que favoreciesen la lectura de la pieza. Y encontré en el cemento el soporte adecuado para ello. Poco después el muro se convirtio en forma.

Esta conjunción de negro y muro ha generado en mi a lo largo de los años un profundo placer estético. Hasta el punto de que su combinación me suscita una apetencia física por comérmelo. No voy a negar las influencias de los negros mate de Serra, Reindhart o Tapiès, pero esta serie comienza mucho antes.

Se da inicio en el negro barroco sevillano. En los fondos que dotaban de claroscuro a los cristos o a los pedigüeños. Un negro que hizo brotar una de las épocas artísticas más importantes de nuestra historia. Era también un negro que definía bien la crisis económica que aquejaba España en el XVII.

Me gusta entender esta serie como un barroco actual. Una pintura desarrollada en un mundo en crisis. No es sin embargo mi negro un negro trentino. Es un negro, como el sevillano, consecuencia de una quiebra económica. Puede parecer en principio un gesto de altanería, compararse a tan ilustre época, pero es en el fondo un gesto de optimismo. Consiste en tener presente que en la gran crisis del XVII los maestros legaron obras imperecederas, y que, por tanto, puede que también se den en ésta. Con las aceras no.

Otro de los paralelismos que imagino es la austeridad de materiales. Es imprescindible que tras un siglo XX de derroche los humanos hagamos un ejercicio de sobriedad. A la manera tenebrista. Sin despilfarrar un gramo de óleo, con fondo plano y negro. Sin ornamentos, despilfarros y el resto de cagadas que han convertido este planeta en una pocilga. Y que además esta lleno de ladrones y avariciosos y ostentosos. El empleo del negro no es solo una cuestión ecológica, también moral.

Octubre 2012.